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14
MAY
2019

Cambios: ¿Qué te aporta lo que sigues haciendo?

 

¿Te habías preguntado alguna vez, qué te aporta lo que sigues haciendo?

 

Choca la pregunta ¿verdad?

 

Normalmente, cuando te planteas la necesidad de un cambio, piensas en lo que te va a aportar, los beneficios que vas a encontrar y lo feliz que te vas a sentir si lo consigues. Y ojo, esto muchas veces puede funcionar y crear el cambio ¿por qué no? Es lo que quiero. Y lo que quiero, si no hay muchas barreras y en gran parte depende de mí conseguirlo, lo consigo.

 

 

No obstante, hay muchos cambios que se plantea el ser humano y que no consigue porque le cuesta lanzarse a hacerlos o a mantenerlos (deporte, alimentación sana, cambio laboral, rupturas relacionales…), y esta situación muchas veces trae la queja y el malestar.

 

Quieres cambiarlo, pero no puedes, sientes que hay algo que te frena o no te deja mantenerte en el cambio. Te llegas incluso a plantear que no lo quieres tanto, porque si lo quisieras, lo harías y mantendrías. ¿Paradójico verdad? No te asustes, es tu cerebro intentando razonar y argumentar la discrepancia.

 

¿Ponemos un poco de orden?

 

 

Vamos a comenzar por el principio:

 

Cuando la queja se activa, lo que esconde es la necesidad de cambio. Por eso nos quejamos, para activar nuestros recursos y cambiar aquello que ya no queremos. De ahí que, cuando no movilizamos el cambio, la queja se cronifica. Entonces, la clave no está en cuestionarse tanto si quieres el cambio o no, porque, es cierto, podría darse la situación de que no quieras el cambio, pero ¿lo puedes saber con seguridad? ¿Te resuelve el problema de primeras? ¿Consigues dejar de quejarte?

 

Hay una herramienta en consulta que a veces planteamos: cambiar la pregunta.

 

Cuestionarte si lo quieres o no lo quieres, igual no te está llevando a ningún sitio. Por tanto, porqué no te preguntas ¿qué te está frenando a hacerlo? Aunque no tengas seguro el deseo, quizás al principio necesites ir probando hasta dar con la clave. Muchas veces la mejor forma de empezar un cambio es comenzar descartando lo que no quieres o no te ayuda a conseguirlo.

 

Son multitud de opciones las que pueden estar frenándote a lanzarte al cambio, aunque si es cierto que en todo cambio, a rasgos generales, están implicados cuatro grandes motivos:

 

  • Factores externos que influyen.

  • Recursos personales (tiempo, organización, dinero, estrategias de afrontamiento ante el cambio…).

  • Motivación.

  • Emociones.

 

 

No tienes que tener motivos sólo en una de las dimensiones obligatoriamente, puedes tener en varias a la vez y el peso de cada dimensión puede variar porque no siempre nos afecta lo mismo, de la misma manera y en el mismo momento.

 

¿Qué puedo hacer según la dimensión/-es que me afecte/-n?

 

Si tu cambio, está influenciado por demasiados factores externos…

 

Vivimos en una sociedad individualista en la que se nos quiere exigir muchas veces que los factores externos casi no importan, y soltamos muy fácil “no lo haces porque no quieres”. La realidad es que hay veces que el contexto no lo pone fácil, aunque no debe ser un motivo que nos frene al completo.

 

Ser conscientes y aceptar que puede ser más difícil nos puede ayudar a poner los pies sobre la tierra, entender que no va a ser todo a la primera y que la frustración podrá estar ahí. Pero no debemos caer en el polo extremo contrario planteando que nada puede hacerse. Siempre podemos hacer algo, aunque sea en parte desde la actitud con la que afrontamos la situación. Tres pautas pueden acompañarte y ayudarte:

  • Reduce/controla los espacios en los que se puede dificultar crear el cambio o ve a ellos en los que te lo facilite. Por ejemplo: si quieres dejar de fumar, tendrás que reducir los espacios en los que pueda haber tabaco.

  • Fomenta la liberación emocional, habla de lo que te frustra, te cuesta, cómo te hace sentir todo eso. Te ayudará a desahogarte y continuar porque si no, las emociones se acumularán hasta que pesen demasiado y el cambio puede desvanecerse. Las ganas no han desaparecido en el fondo, pero la fatiga emocional no deja verlas.

  • Busca tu punto de influencia y centra tú atención en él. Encuentra esas acciones que, naciendo de ti, pueden acercarte más al cambio.

 

Si mi problema está en mis recursos…

 

Para la parte de los recursos personales, existe cierta ambivalencia. Hay veces que el tiempo es nuestro mayor motivo para justificar el «no cambio». Y es cierto que, aunque no podemos caer en el reduccionismo de “si quieres, sacas tiempo”, cuando algo nos motiva mucho de primeras hay mayor probabilidad de que saquemos tiempo que cuando la motivación inicial no es tan alta. Por ello, cuando queremos comenzar con un cambio que nos cuesta o nos da miedo, es a veces una forma de excusar la nueva situación.

 

Pese a esto, creas que el tiempo es una excusa o no, la realidad es que el cambio lo deseas, así que tarde o temprano tendrás que responsabilizarte de tu cambio y conseguir sacar tiempo para hacerlo. A veces necesitamos delegar y pedir ayuda, cuidarnos y gestionar nuestras necesidades para poder continuar.

 

Por otro lado, hay veces que nos hemos enfrentado a pocos cambios o a cambios que no han sido excesivamente complejos y de pronto, llegar una situación que da en nuestras vidas un cambio de 180º. Esto a veces nos hace vernos sin la capacidad para afrontar esta situación. La pauta principal es ordenar de menor a mayor complejidad las diferentes partes de las que nos cuesta enfrentarnos en el cambio e ir resolviéndolas poco a poco. Conforme vayas consiguiendo objetivos o partes, tu percepción de autoeficacia será mayor y cada vez sentirás más percepción de control.

 

 

Si  lo complejo es la motivación y las emociones…

 

Con respecto a estas dimensiones, muchas veces son las más importantes para el cambio. El problema con los cambios es que le pedimos a la motivación que sólo razone, que sea consciente de los beneficios de conseguirlo y que nunca se olvide de eso. Pero la clave está en que la motivación tiene un componente emocional que cuando se activa, frena la actividad de la parte racional.

 

Si por ejemplo lo que quiero conseguir es mejorar mi alimentación porque cuando estoy ansioso/a me da por comer más, la clave no está en que en los momentos de ansiedad razone sobre lo importante y bueno que es comer sano, la clave está en encontrar cómo puedo gestionar la ansiedad de otra manera.

 

De ahí, el título del artículo. Cuando nos mantenemos en una situación que queremos cambiar, es porque en parte, algo satisface o porque al menos, mantenerla nos aleja del malestar que genera la nueva situación que queremos crear. Piensa que te has adaptado a vivir así, sin el cambio. Por lo que es completamente normal que pueda costarte, es una nueva situación a la que tienes que acostumbrarte.

 

Y no nos engañemos, tan complejo es estar mal con lo que tenemos como estar bien con lo nuevo. Suena raro ¿verdad? Pero a veces conseguir lo que queremos, nos pone en el miedo de no querer volver a perderlo. Por eso es paradójico, porque estás mal sí pero en cierta parte te has adaptado a eso y volver a estar bien es correr el riesgo de volver a perder o de dejarlo ir. A veces, aceptar algo también da miedo, porque es continuar, con un nuevo rumbo, nuevos retos y aceptando las pérdidas. Porque los cambios suponen pérdidas.

 

Por esto último, los cambios cuestan. Porque a corto plazo tienes que atravesar sensaciones nuevas o hacer cosas que no hacías antes por lo que volver al camino viejo es muy fácil. Si además hablamos de que las consecuencias favorables a veces las vas a poder notar a largo plazo (por ejemplo adelgazar con una dieta, hasta pasado un tiempo no notas resultados) aun se hace más complejo.

 

Para todo esto, la mejor pauta es ser consciente, conocer tu situación y no dejar que nos domine.

 

Para terminar, tres aspectos básicos que no puedes olvidar en todo cambio: cultivar la paciencia, cada cierto tiempo valorar los logros que has conseguido y pensar que una caída no es una recaída.

 

Si necesitas profundizar más, puedes consultar en nuestro servicio de consulta psicológica y trabajo social en info@espacioitaca.com o al 655 687 900

 

Si quieres conocer nuestra forma de trabajo, pincha aquí y te lo explicamos

 

 

 

 

 

Artículo redactado por Sergio Miguel, psicólogo colegiado A-2815

 

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